Donald Meltzer nació en New Jersey, EEUU, en 1922 y
falleció el 13 de agosto de 2004, un día antes
de cumplir 82 años. Su vida profesional, sus viajes
y sus escritos reflejan la generosidad con que compartió
sus ideas y la militancia con la que trató de difundir
su concepción del análisis y su actitud analítica
- su mayor legado según sus propias palabras.
A los 22 años, cuando aún era alumno de Medicina
y ya estaba formándose como psiquiatra infantil, leyó
por primera vez la obra de Melanie Klein y decidió
que se iba a analizar con ella. Estando en la aviación
del ejército norteamericano como psiquiatra infantil
promovió que lo trasladaran a Inglaterra en 1954, se
sintió tan a gusto allí que, apoyado por sus
amigos, especialmente por Hanna Segal, que decidió
dejar la Fuerza Aérea para radicarse en se país.
Se analizó con Melanie Klein durante seis años,
hasta la muerte de ella durante unas vacaciones analíticas.
Hizo su formación en el grupo kleiniano, llegando a
ser miembro didacta de la Sociedad Psicoanalítica Británica.
Vivió en Londres, y luego se trasladó, primero
parcial y luego completamente a Oxford. Fundó junto
con su esposa Martha Harris, la editorial Clunie Press, en
homenaje a Roland Harris (ya fallecido esposo de Martha),
editorial que publicó y sigue publicando libros de
él, de Bion y de otros autores relacionados. Dejó
de ser miembro de la Asociación Psicoanalítica
Internacional en la década de los años ´70,
por diferencias ideológicas con el Establishment psicoanalítico
de la Sociedad Británica. Continuó su trabajo
como analista, y también enseñando y trabajando,
con pequeños grupos de estudio (tipo atelier) y viajando
mucho por Europa, Latinoamérica, Norteamérica
e incluso Asia.
Durante más de 40 años Meltzer fue un psicoanalista
innovador y prolífico que influenció en el modo
de trabajar y de entender la mente y el desarrollo emocional
humano de varias generaciones de psicoanalistas y psicoterapeutas
en el mundo. Tuvo un estrecho contacto con el psicoanálisis
latinoamericano desde muy temprano en su trayectoria, ya que
su primera visita a Buenos Aires fue en el año 1964,
su libro seminal sobre el proceso psicoanalítico está
basado en las conferencias que dictó en APA a partir
de los casos clínicos que se le presentaban.
Comenzó a escribir a comienzos de la década
del 60 y desde ese momento dejó una huella en la manera
de concebir la práctica psicoanalítica como
un espacio en el que confluyen el arte y los cuidados parentales
y en última instancia como una ‘actividad humana’,
como él mismo la define.
BREVE RESEÑA DE SU OBRA
A pesar de que gran parte de sus escritos
se desarrollaron a partir de connferencias y seminarios,
hay una coherencia en la obra de Meltzer en el sentido que
se juega el todo por el todo a la validez del método
psicoanalítico de observación.
En 1963, a partir de los diálogos con el crítico
de arte Adrian Stokes, se publica el libro La Pintura y
el Mundo Interno, en el que reflexiona sobre la creatividad
y su vínculo con el mundo interno, tema que retomará
en su libro La Aprehensión de la Belleza casi 30
años más tarde . donde de hecho está
republicado este diálogo como apéndice I,
titulado “Acerca de la base social del arte”.
En esos años escribió, presentó y publicó
varios artículos, entre ellos “Una contribución
a la metapsicología de los estados ciclotímicos”
(1963), “La diferenciación entre delirios somáticos
y la hipocondría” (1963) y “La relación
de la masturbación anal con la identificación
proyectiva” (1966) – trabajo que, como nos dice
en El Claustro (1992) donde lo republica, fue el resultado
de un descubrimiento clínico que lo sorprendió,
el punto de partida de una serie de nuevas formulaciones,
y tal vez “...el mejor y más interesante trabajo
que jamás escribí..”.
En el año 1967 publica El Proceso Psicoanalítico.
En este libro plantea que el proceso analítico tiene
una “historia natural” cuya evolución
puede verse a través de las modificaciones en la
transferencia en una secuencia de fases. Estas fases pueden
ser comparadas con el desarrollo de las primeras relaciones
de objeto, desde una dependencia no tolerada y proyectada,
hasta una dependencia introyectiva con reconocimiento de
la importancia del objeto tanto como de su libertad. Si
bien sus ideas están apoyadas en los tres pilares
de la teoría kleiniana, a saber la teoría
de las posiciones, el splitting e identificación
proyectiva y la concretud de la realidad psíquica,
estos conceptos adquieren una impronta meltzeriana que los
expande y extiende. En la introducción, plantea que
la principal tarea del analista es la creación de
un encuadre en el que podrán expresarse los procesos
de transferencias infantiles del paciente con las ansiedades
moduladas por el terapeuta en una activa búsqueda
de la verdad. Considera que el proceso evoluciona en etapas
que llama “La recolección de la transferencia”,
“La discriminación de las confusiones geográficas”,
“La discriminación de las confusiones zonales”,
“El umbral de la posición depresiva”
y “El proceso del destete”. Si bien describe
el proceso predominantemente con ejemplos de análisis
de niños, también se refiere al mismo en pacientes
adultos, y a sus posibles ciclos en una sesión. En
este libro considera el psicoanálisis como una “actividad
humana” que tiende a desarrollar la capacidad del
autoanálisis, la integración del self y la
responsabilidad por las propias motivaciones.
En 1971 escribe Sinceridad: un estudio en
la atmósfera de las relaciones humanas, donde analiza
y discute las cualidades emocionales de la sinceridad y
sus negativos, el sentido de identidad y las diversas identificaciones
que la constituyen, la intimidad, la integración
y la reparación, etc. Usa textos de tres obras de
teatro de Harold Pinter (Los Enanos, La Fiesta de Cumpleaños
y La Vuelta a Casa) como ´material clínico´
ilustrativo. Este trabajo fue recién publicado en
1994 como un capítulo en el libro Sinceridad y trabajos
escogidos de Donald Meltzer, editado por Alberto Hahn.
En 1973 edita y publica Estados Sexuales
de la Mente, un novedoso aporte a la teoría del desarrollo
sexual y las perversiones; diferencia la sexualidad adulta
de la sexualidad infantil y discrimina la sexualidad infantil
polimorfa de la sexualidad infantil perversa. Propone un
modelo de escena primaria de seis personajes, incluyendo
al outsider como representante de la parte mala del self,
que ayuda a una descripción y comprensión
más rica de las perversiones y de las adicciones.
En resumen, las principales diferencias entre la sexualidad
adulta y la infantil son las siguientes: La sexualidad infantil
está basada en una relación directa entre
el Yo y el Ello. La necesidad infantil de elaborar las ansiedades
edípicas , de mantener a los padres como objetos
buenos y por lo tanto disociados así como negar las
partes destructivas del self, llevan a la imitación
de los aspectos adultos vía identificación
proyectiva con los padres. Contrariamente, la sexualidad
adulta está basada en la integración de los
aspectos femeninos y masculinos y en la identificación
introyectiva con las funciones de ambos padres unidos en
el objeto combinado creativo. El objeto combinado tiene
funciones de super-yo-ideal y el self se ubica frente al
mismo en una relación de aspiración, con dudas
y ansiedades acerca de sí mismo que son ajenas al
funcionamiento infantil y adolescente de la personalidad.
Sus contribuciones acerca de la adolescencia merecen un
comentario aparte. Meltzer explica el “pot pourri”
del estado mental adolescente como una transición
entre la sexualidad infantil y la adulta caracterizado por
una identidad confusa, fluctuante y contradictoria y una
inestabilidad emocional resultado del splitting y proyección
de aspectos del self en los objetos, particularmente en
los diferentes miembros del grupo adolescente, al que da
un valor primordial para el desarrollo.
La segunda parte del libro está dedicada a una aproximación
clínica al estudio de las perversiones en relación
con las adicciones así como a la descripción
del terror como una forma extrema de ansiedad paranoide
que produce el despliegue de relaciones de tiranía
y sumisión, tema que será retomado años
más tarde cuando describa la forma de vínculo
que se establece en el claustro.
En Exploración del Autismo del año
1975, a través de cuatro casos clínicos de
niños autistas y post-autistas supervisados por él,
presenta una nueva manera de enfocar psicoanalíticamente
la construcción del espacio y del tiempo en el autismo
y la psicosis infantil. Los co-autores de este libro, John
Bremner, Isca Wittenberg, Doreen Weddell y Shirley Hoxter,
fueron los terapeutas de los niños llamados Timmy,
John, Barry y Piffie. Estos niños, sus historias
y proceso de tratamiento muestran el estado autista propiamente
dicho, la depresión primaria, la perturbación
geográfica y la condición residual del autismo
en relación con el aprendizaje así como las
dificultades contratransferenciales que surgen en el trabajo
con ellos. Meltzer describe la dimensionalidad alterada,
la obsesionalidad y el desmantelamiento como las típicas
cualidades mentales de los niños autistas. Considera
que las mismas son intrínsecas al niño y que
sólo pueden ser modificadas – no causadas –
por el ambiente. Diez años más tarde, en el
artículo sobre “Enfermedad psicótica
en la temprana infancia, diez años después
de La exploración del autismo”, Meltzer vuelve
sobre el tema del autismo incluyendo las ideas de Bion sobre
psicosis, los conceptos de cesura y la posibilidad de simbolización
de experiencias protomentales, enriquecidas con sus propias
ideas que continuó desarrollando en su teoría
del conflicto estético y de claustro. Las categorías
clínicas descriptas por Meltzer además del
autismo: falla del ajuste postnatal,falla primaria del desarrollo
mental y psicosis geográfica ha permitido una aproximación
clínica más aguda al tema de las psicosis
infantiles y por lo tanto a su comprensión y tratamiento.
Queremos destacar ahora un libro que escribió conjuntamente
con su esposa Martha Harris. Este fue un trabajo encargado
por la OECD( Organización para la Cooperación
y Desarrollo Económico, organización independiente
constituida por 24 naciones con sede en París) en
1977 y que les llevó tres años de trabajo,
definido por Meltzer como el libro más útil
que escribió, llamado Un modelo psicoanalítico
del niño-en-la-familia-y-en-la-comunidad. En él
discuten roles y funciones en la familia, diferentes tipos
de familia (la conyugal, la de la ´casa de muñecas´,
la matriarcal, la patriarcal, la de la pandilla adolescente,
la revertida, y las de supuesto básico) y los modos
de aprendizaje en cada una. Este trabajo está incluido
en parte, con otros comentarios, en el capítulo 14
de la Metapsicología Ampliada. El libro está
publicado en español como Familia y Comunidad Ed
Spatia y está también reproducido en el libro
Sinceridad y otros trabajos de Donald Meltzer, editado por
Alberto Hahn en 1994.
En la década siguiente Meltzer publica
tres libros: En el año 1978 publica El Desarrollo
Kleiniano, tres tomos sobre la clínica y teoría
de Freud, Klein y Bion. Estas ideas fueron presentadas por
él en clases, conferencias y seminarios, y en ellos
hace una lectura crítica y personal de ´su´
Freud, ´su´ Melanie Klein y ´su´
Bion. Estos libros son buenos compañeros de ruta
para la lectura de estos autores, especialmente el tomo
tres, dedicado a la obra de Bion con una síntesis
final sobre los tres.
En el tomo I, dedicado a Freud, revisa prácticamente
todas las publicaciones donde hay material o situaciones
clínicas e hipótesis relacionadas. El tomo
II, Richard semana por semana, discute las 16 semanas de
tratamiento del paciente que Klein atendió en 1941,
en Escocia, durante sus respectivos exilios durante la guerra.
El historial completo está publicado como Narrativa
del Análisis de un niño (1961), y el rico
análisis que Meltzer hace nos muestra la aplicación
de diversos conceptos teóricos kleinianos en el historial
(las ansiedades, las posiciones, la reparación, la
integración, etc.) así como también
supuestos clínicos (la interpretación, la
transferencia y la contratransferencia, etc.).
El tercer tomo, sobre la obra de Bion, hace un análisis
cronológico de sus trabajos, con abundantes citas
textuales, comentarios críticos escritos con una
buena cuota de humor y con una profunda admiración
por su obra. En el último capítulo, llamado
“Una Revisión: Cambio Catastrófico y
los Mecanismos de Defensa”, dibuja los modelos de
la mente de Freud, Klein y Bion y sus consecuencias clínicas,
sus distintos criterios de enfermedad y de curación,
y como puede verse la función del tratamiento psicoanalítico
en cada uno de estos modelos una verdadera síntesis
de lo planteado en los tres tomos.
En el año 1984 publica Vida Onírica, en 1986
La Metapsicología Ampliada – Aplicaciones clínicas
de las ideas de Bion y en 1988 La Aprehensión de
la Belleza. Vamos en principio a tomar estos tres libros
en conjunto. El concepto unificador es la emoción,
poniéndola Meltzer (siguiendo a Bion) en el centro
del desarrollo humano y del psicoanálisis. El pensamiento
y la evolución tienen que ver con dar significados
a las experiencias emocionales. ¿Qué es una
experiencia emocional? Meltzer piensa que comienza en el
útero; que el feto, acompañado por la placenta,
va creciendo, aunque poco a poco el espacio se le va haciendo
chico y siente un incremento de incomodidad del que necesita
deshacerse. Tal vez intuya que hay otro lugar en el que
pueda librarse de esa creciente molestia. El momento del
parto deja de ser concebido como una situación predominantemente
traumática, para ser considerada una experiencia
emocional a la que hay que darle un sentido ya que requiere
ser pensada. En los mitos puede ser expresada como la expulsión
de un paraíso o la huida de un infierno.
La salida al mundo exterior es una experiencia sobrecogedora
que pone en contacto al bebé con la belleza del mundo
externo, representada por el rostro y los ojos de la madre,
especialmente sus ojos y pezones. Este encuentro pone en
marcha lo que Meltzer llamó conflicto estético.
Pero Meltzer agrega algo más, dice que estos vínculos
están ensamblados, que forman un consorcio en el
que el amor, el odio y el deseo de conocer están
dirigidos hacia un mismo objeto: el interior desconocido
de la mente de la madre (que no tiene transparencia). Es
a este ensamblamiento de L, H y K lo que Meltzer llama “pasión”.
Esta integración es natural, pero al mismo tiempo
intolerable, y entonces el bebé se defiende escindiendo
los componentes de su experiencia emocional, a saber amando
al objeto que lo gratifica, odiando al enemigo que lo frustra,
y queriendo conocer a un tercero que despierta su interés.
El ser humano luego pasa la vida tratando de recuperarse
de esta fractura inicial de sus sentimientos. Esta es la
visión del desarrollo que nos plantea Meltzer, su
visión personal de la escisión e integración
de la personalidad. El papel del objeto en esta capacidad
de recuperación tiene que ver con su capacidad de
dar forma simbólica a la experiencia emocional. Pero
este objeto presenta un problema, el relacionado con la
opacidad del mismo. Esta opacidad plantea incógnitas,
ya que puede haber una discordancia entre el exterior visible
y el interior desconocido, que requiere conjeturas y pensamientos.
¿Será la madre tan bella, tan buena, tan honesta
por dentro como lo es por fuera?, y ¿cómo
puede saberlo un bebé tan chiquito? Simplemente no
puede, tiene que esperar a ver qué pasa. Y esta espera
está basada en la confianza, una confianza que necesita
ser elaborada a través de la experiencia.
Hay otro problema que hace a este conflicto con las emociones:
al mismo tiempo que éstas se generan se pone en movimiento
un proceso contrario, la antiemocionalidad. La misma experiencia
que genera emocionalidad genera ansiedad, dudas, desconfianza,
ataques que pueden llegar no solo a frenar el desarrollo
sino a pervertir la experiencia emocional.
El área del lenguaje que va a dar cuenta de la emocionalidad
está en la línea del pensamiento, de las relaciones
íntimas, e implica verdad, libertad, juicio, formación
de símbolos, transformación y responsabilidad,
así como tolerancia a la duda.
La antiemocionalidad puede nombrarse con términos
como conducta social adaptativa, respuestas automáticas,
slogans, mentiras, y conductas no pensadas.
Puede verse que se van delineando dos mundos. Uno, al que
Meltzer llama continente, incluye las relaciones familiares,
el mito edípico que da sentido a la experiencia emocional
en vínculos íntimos de amor, odio y conocimiento,
y consiste en un ciclo vital que va desde el nacimiento
hasta la muerte. El otro mundo descrito, que él denominó
claustrum, atenta contra el desarrollo: no hay una familia
que contenga al bebé, las relaciones son jerárquicas,
los castigos mortales, el tiempo es circular y las emociones
son negativas. Hay hipocresía en vez de odio, puritanismo
en vez de amor, pragmatismo en vez de conocimiento, y todo
impregnado por la pasividad a que da origen la vivencia
de circularidad del tiempo.
Hemos hablado de emociones, símbolos y pensamientos:
es hora de incluir al lenguaje. Meltzer dice que hablar
es lo mejor que podemos hacer, pero a la vez es una transacción
con lo que queremos decir. Esto ya lo había planteado
cuando habló de sinceridad en 1973. Nos plantea que
los psicoanalistas debieran poder desarrollar su observación
de modo tal que el lenguaje les sirva para describir y no
para convencer.
Estas ideas tienen fuertes implicaciones en nuestro trabajo
como psicoanalistas ya que esta concepción del desarrollo
mental lleva a cambios en la atmósfera del consultorio.
Es una conceptualización del desarrollo mental que
arrasa con la idea de causalidad y fases y acepta, en cambio,
múltiples niveles de funcionamiento más o
menos integrados.
La primera modificación se manifiesta en la disminución
del énfasis de la interpretación correcta.
El foco se dirige hacia la interacción, a la relación
de la cual emerge la idea interpretativa. El continente
no es solo la mente del analista; si el proceso se pone
en marcha, el continente lo forman una particular conjunción
entre aspectos de la mente del analista y aspectos de la
mente del paciente en un grupo de trabajo de dos.
Gradualmente se desarrolla una historia del proceso cuyos
hitos son algunos sueños, que establecen puntos de
referencia para ambos miembros. La necesidad de entender
va cediendo espacio a conjeturas imaginativas que sirven
como modelos, y el paciente va adquiriendo un mayor interés
en el método psicoanalítico como instrumento
para observar su propia mente.
La necesidad de explicar cede a la de observar y describir.
En uno de sus libros Meltzer relata su experiencia de una
visita a una cueva con pinturas rupestres, en algún
lugar de Francia. Entraron a un lugar oscuro, pero cuando
el guía iba iluminando las paredes, iban apareciendo
una a una las pinturas que hasta ese momento habían
estado en la sombra. Gradualmente, también en el
análisis se va configurando un objeto, que terapeuta
y paciente pueden observar desde una cierta distancia, como
cuando uno se aleja de un cuadro para observar la composición
general y luego se acerca para ver las pinceladas.
El Claustro fue publicado en 1992. Meltzer describe este
libro como un intento de reunir sus experiencias clínicas
sobre el accionar de la identificación proyectiva
y del efecto que este mecanismo tiene en el desarrollo tanto
del individuo como de la sociedad en la que habita. Solía
decir que Melanie Klein había sido muy modesta cuando
escribió Notas sobre mecanismos esquizoides, ya que
no midió el impacto que la descripción de
este mecanismo iba a tener en la teoría y clínica
psicoanalítica. Sin embargo, critica la posición
de Melanie Klein en cuanto ella consideró que la
Identificación Proyectiva era un mecanismo psicótico
que operaba primaria o exclusivamente con objetos externos.
Al presentar el concepto de claustro Meltzer se apoya además
en las contribuciones de Herbert Rosenfeld sobre la organización
narcisista y de Bion sobre la mentalidad de supuestos básicos.
Desde su propia perspectiva, ya había propuesto la
idea de identificación proyectiva en objetos internos
muy temprano en su obra, en 1966, cuando escribió
el artículo sobre identificación proyectiva
y masturbación anal, que él consideraba uno
de sus mejores trabajos. También había descrito
en El proceso psicoanalítico los compartimientos
en el interior cuerpo de la madre interna, otro concepto
fundamental en la construcción de la idea de claustro.
El libro está dividido en tres secciones. En la primera
hace una revisión crítica del concepto de
Identificación Proyectiva tanto en Melanie Klein
como en distintos momentos de su propia obra, desde El proceso
psicoanalítico en adelante, así como en la
trilogía de Bion, Memorias del Futuro.
La segunda parte del libro comienza con una descripción
de la dimensión geográfica del aparato mental
propuesta en su metapsicología ampliada, al que muestra
subdividido en seis áreas: el mundo externo, el útero,
el interior de los objetos externos, el interior de los
objetos internos, el mundo interno y el sistema delirante
o ‘no lugar’. Meltzer aclara que el libro está
dedicado a la investigación de los aspectos intrusivos
de la identificación proyectiva en el objeto interno
materno y su especial compartimentalización. En el
capítulo ‘La vida en el claustro’ Meltzer
describe la vida de ese mundo interno desde el interior
del mismo, mostrando una vez más su rica posibilidad
de conjeturar imaginativamente y transmitir los estados
mentales en detalle y con una precisión basada en
una gran capacidad de observación . Propone tres
espacios: la vida en el pecho-mente de la madre, pasiva
e indolente; la vida en el compartimiemto genital, más
turbulento que el anterior y al que describe como un festival
de religión priápica y, finalmente, la vida
en el recto. Éste es, en palabras el autor, el capítulo
central del libro: el área de la identificación
intrusiva generadora de patología más severa
ligada a la perversión y la psicosis en la que describe
una atmósfera de sadismo prevalente, una estructura
jerárquica y la sumisión a la tiranía
y la violencia.
En la tercera parte del libro Meltzer vincula las características
esenciales del claustro con el desarrollo y la psicopatología,
particularmente con el mundo de la psicosis. Meltzer propone
que los estados borderline y psicóticos ocurren cuando
la parte del self identificada intrusivamente toma el comando
de la conciencia y toda la vida mental queda dominada por
temores claustrofóbicos, sensaciones de encierro,
peligro y catástrofe inminentes. El sistema delirante
aparece por la imposibilidad de formar símbolos en
ausencia de vínculos emocionales, ya que la emoción
es la base del pensamiento inconciente que, a través
de la función alfa atribuye significado a las emociones
y las experiencias.
La riqueza de las descripciones que Donald Meltzer hace
acerca de las perversiones y la psicosis así como
de su abordaje técnico, imposibles de sintetizar
en tan breve espacio, abren un panorama innovador para la
comprensión y tratamiento de pacientes severamente
perturbados.
Unos años más tarde se reunieron
34 artículos que habían sido escritos entre
los años 1955 – 1989 en un tomo titulado Sinceridad
y Otros Trabajos. Las ideas presentadas en estos artículos
abarcan diversos temas: la naturaleza de la sinceridad en
las relaciones íntimas, sus ideas acerca de la transmisión
del psicoanálisis, el tratamiento de perturbaciones
psicóticas, cuestiones técnicas así
como “Un modelo psicoanalítico del Niño-en-la-Familia-en-la-Comunidad”.
Otro libro, consistente de supervisiones (textualmente publicadas
y con comentarios posteriores) realizadas por Meltzer en
colaboración con Catherine Mack Smith en el Grupo
Psicoanalítico de Barcelona durante varios años,
está publicado con el título Clínica
Psicoanalítica con Niños y Adultos (1995)
y fue editado por Sheila Navarro de Lopez.
Exploring the work of Donald Meltzer (2000) fue editado
por Margaret Cohen y Alberto Hahn con una selección
de trabajos presentados en Londres en 1988, en ocasión
de los 75 años de Meltzer. El primer capítulo
del libro, “Una revisión de mis escritos”,
fue escrito por él mismo y en él lo escuchamos
haciendo relatos también acerca de su vida además
de comentarios diversos sobre su obra.
Muchos de sus artículos están
publicados en diversas revistas psicoanalíticas;
otros – incluso algunos nunca previamente publicados
- están en el libro Sinceridad y otros trabajos...
Mencionaremos solamente algunos títulos, para despertar
la curiosidad de los que no los han leído aún:
“Una técnica de interrupción para el
impasse analítico”, “Dimensiones técnicas
de la interpretación: la temperatura y la distancia”,
“Interpretaciones rutinarias e inspiradas, su relación
con el proceso del destete en el psicoanálisis, “Identificación
adhesiva” “Represión, olvido e infidelidad”,
“El delirio de la claridad del insight”, “Desmantelamiento:
un tipo de obsesionalidad” y “Acerca de la estupidez
de la maldad”...
Meltzer desarrolló su práctica clínica
inicialmente en Londres y luego en Oxford. Desde fines de
los años 50 enseñó en el Departamento
de Niños de la Clínica Tavistock, donde tuvo
una fuerte influencia en la formación de varias generaciones
de terapeutas de niños. Fue miembro didacta de la
Sociedad Psicoanalítica Británica hasta los
años 70,cuando se aleja de la misma por diferencias
ideológicas con el establishment psicoanalítico.
En ese tiempo comienza a viajar más asidua y regularmentemente
al exterior: a Italia, España, y otros países
europeos, a EEUU y latinoamérica. En cada uno de
estos lugares, grupos de psicoanalistas han seguido sus
ideas y se han nutrido de su virtuosismo y agudeza clínica,
su sensibilidad a los procesos inconcientes, su singular
capacidad para describir y expresar las fantasías,
su integridad y su calidez.
A través de los años numerosos autores en
el mundo han escrito artículos y libros inspirados
en sus ideas y se llevaron a cabo tres Encuentros Internacionales
en Londres, Florencia y Barcelona para profundizar y desarrollar
su trabajo.
Meltzer deja un legado inspirador en todos aquellos que
tuvimos la suerte de conocerlo y también una responsabilidad
por mantener vivas y continuar desarrollando sus ideas que
con generosidad y dedicación nos transmitió
con pasión.
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