Donald Meltzer
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Donald Meltzer nació en New Jersey, EEUU, en 1922 y falleció el 13 de agosto de 2004, un día antes de cumplir 82 años. Su vida profesional, sus viajes y sus escritos reflejan la generosidad con que compartió sus ideas y la militancia con la que trató de difundir su concepción del análisis y su actitud analítica - su mayor legado según sus propias palabras.
A los 22 años, cuando aún era alumno de Medicina y ya estaba formándose como psiquiatra infantil, leyó por primera vez la obra de Melanie Klein y decidió que se iba a analizar con ella. Estando en la aviación del ejército norteamericano como psiquiatra infantil promovió que lo trasladaran a Inglaterra en 1954, se sintió tan a gusto allí que, apoyado por sus amigos, especialmente por Hanna Segal, que decidió dejar la Fuerza Aérea para radicarse en se país.
Se analizó con Melanie Klein durante seis años, hasta la muerte de ella durante unas vacaciones analíticas. Hizo su formación en el grupo kleiniano, llegando a ser miembro didacta de la Sociedad Psicoanalítica Británica. Vivió en Londres, y luego se trasladó, primero parcial y luego completamente a Oxford. Fundó junto con su esposa Martha Harris, la editorial Clunie Press, en homenaje a Roland Harris (ya fallecido esposo de Martha), editorial que publicó y sigue publicando libros de él, de Bion y de otros autores relacionados. Dejó de ser miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional en la década de los años ´70, por diferencias ideológicas con el Establishment psicoanalítico de la Sociedad Británica. Continuó su trabajo como analista, y también enseñando y trabajando, con pequeños grupos de estudio (tipo atelier) y viajando mucho por Europa, Latinoamérica, Norteamérica e incluso Asia.
Durante más de 40 años Meltzer fue un psicoanalista innovador y prolífico que influenció en el modo de trabajar y de entender la mente y el desarrollo emocional humano de varias generaciones de psicoanalistas y psicoterapeutas en el mundo. Tuvo un estrecho contacto con el psicoanálisis latinoamericano desde muy temprano en su trayectoria, ya que su primera visita a Buenos Aires fue en el año 1964, su libro seminal sobre el proceso psicoanalítico está basado en las conferencias que dictó en APA a partir de los casos clínicos que se le presentaban.
Comenzó a escribir a comienzos de la década del 60 y desde ese momento dejó una huella en la manera de concebir la práctica psicoanalítica como un espacio en el que confluyen el arte y los cuidados parentales y en última instancia como una ‘actividad humana’, como él mismo la define.

BREVE RESEÑA DE SU OBRA

A pesar de que gran parte de sus escritos se desarrollaron a partir de connferencias y seminarios, hay una coherencia en la obra de Meltzer en el sentido que se juega el todo por el todo a la validez del método psicoanalítico de observación.
En 1963, a partir de los diálogos con el crítico de arte Adrian Stokes, se publica el libro La Pintura y el Mundo Interno, en el que reflexiona sobre la creatividad y su vínculo con el mundo interno, tema que retomará en su libro La Aprehensión de la Belleza casi 30 años más tarde . donde de hecho está republicado este diálogo como apéndice I, titulado “Acerca de la base social del arte”. En esos años escribió, presentó y publicó varios artículos, entre ellos “Una contribución a la metapsicología de los estados ciclotímicos” (1963), “La diferenciación entre delirios somáticos y la hipocondría” (1963) y “La relación de la masturbación anal con la identificación proyectiva” (1966) – trabajo que, como nos dice en El Claustro (1992) donde lo republica, fue el resultado de un descubrimiento clínico que lo sorprendió, el punto de partida de una serie de nuevas formulaciones, y tal vez “...el mejor y más interesante trabajo que jamás escribí..”.
En el año 1967 publica El Proceso Psicoanalítico. En este libro plantea que el proceso analítico tiene una “historia natural” cuya evolución puede verse a través de las modificaciones en la transferencia en una secuencia de fases. Estas fases pueden ser comparadas con el desarrollo de las primeras relaciones de objeto, desde una dependencia no tolerada y proyectada, hasta una dependencia introyectiva con reconocimiento de la importancia del objeto tanto como de su libertad. Si bien sus ideas están apoyadas en los tres pilares de la teoría kleiniana, a saber la teoría de las posiciones, el splitting e identificación proyectiva y la concretud de la realidad psíquica, estos conceptos adquieren una impronta meltzeriana que los expande y extiende. En la introducción, plantea que la principal tarea del analista es la creación de un encuadre en el que podrán expresarse los procesos de transferencias infantiles del paciente con las ansiedades moduladas por el terapeuta en una activa búsqueda de la verdad. Considera que el proceso evoluciona en etapas que llama “La recolección de la transferencia”, “La discriminación de las confusiones geográficas”, “La discriminación de las confusiones zonales”, “El umbral de la posición depresiva” y “El proceso del destete”. Si bien describe el proceso predominantemente con ejemplos de análisis de niños, también se refiere al mismo en pacientes adultos, y a sus posibles ciclos en una sesión. En este libro considera el psicoanálisis como una “actividad humana” que tiende a desarrollar la capacidad del autoanálisis, la integración del self y la responsabilidad por las propias motivaciones.

En 1971 escribe Sinceridad: un estudio en la atmósfera de las relaciones humanas, donde analiza y discute las cualidades emocionales de la sinceridad y sus negativos, el sentido de identidad y las diversas identificaciones que la constituyen, la intimidad, la integración y la reparación, etc. Usa textos de tres obras de teatro de Harold Pinter (Los Enanos, La Fiesta de Cumpleaños y La Vuelta a Casa) como ´material clínico´ ilustrativo. Este trabajo fue recién publicado en 1994 como un capítulo en el libro Sinceridad y trabajos escogidos de Donald Meltzer, editado por Alberto Hahn.

En 1973 edita y publica Estados Sexuales de la Mente, un novedoso aporte a la teoría del desarrollo sexual y las perversiones; diferencia la sexualidad adulta de la sexualidad infantil y discrimina la sexualidad infantil polimorfa de la sexualidad infantil perversa. Propone un modelo de escena primaria de seis personajes, incluyendo al outsider como representante de la parte mala del self, que ayuda a una descripción y comprensión más rica de las perversiones y de las adicciones. En resumen, las principales diferencias entre la sexualidad adulta y la infantil son las siguientes: La sexualidad infantil está basada en una relación directa entre el Yo y el Ello. La necesidad infantil de elaborar las ansiedades edípicas , de mantener a los padres como objetos buenos y por lo tanto disociados así como negar las partes destructivas del self, llevan a la imitación de los aspectos adultos vía identificación proyectiva con los padres. Contrariamente, la sexualidad adulta está basada en la integración de los aspectos femeninos y masculinos y en la identificación introyectiva con las funciones de ambos padres unidos en el objeto combinado creativo. El objeto combinado tiene funciones de super-yo-ideal y el self se ubica frente al mismo en una relación de aspiración, con dudas y ansiedades acerca de sí mismo que son ajenas al funcionamiento infantil y adolescente de la personalidad.
Sus contribuciones acerca de la adolescencia merecen un comentario aparte. Meltzer explica el “pot pourri” del estado mental adolescente como una transición entre la sexualidad infantil y la adulta caracterizado por una identidad confusa, fluctuante y contradictoria y una inestabilidad emocional resultado del splitting y proyección de aspectos del self en los objetos, particularmente en los diferentes miembros del grupo adolescente, al que da un valor primordial para el desarrollo.
La segunda parte del libro está dedicada a una aproximación clínica al estudio de las perversiones en relación con las adicciones así como a la descripción del terror como una forma extrema de ansiedad paranoide que produce el despliegue de relaciones de tiranía y sumisión, tema que será retomado años más tarde cuando describa la forma de vínculo que se establece en el claustro.

En Exploración del Autismo del año 1975, a través de cuatro casos clínicos de niños autistas y post-autistas supervisados por él, presenta una nueva manera de enfocar psicoanalíticamente la construcción del espacio y del tiempo en el autismo y la psicosis infantil. Los co-autores de este libro, John Bremner, Isca Wittenberg, Doreen Weddell y Shirley Hoxter, fueron los terapeutas de los niños llamados Timmy, John, Barry y Piffie. Estos niños, sus historias y proceso de tratamiento muestran el estado autista propiamente dicho, la depresión primaria, la perturbación geográfica y la condición residual del autismo en relación con el aprendizaje así como las dificultades contratransferenciales que surgen en el trabajo con ellos. Meltzer describe la dimensionalidad alterada, la obsesionalidad y el desmantelamiento como las típicas cualidades mentales de los niños autistas. Considera que las mismas son intrínsecas al niño y que sólo pueden ser modificadas – no causadas – por el ambiente. Diez años más tarde, en el artículo sobre “Enfermedad psicótica en la temprana infancia, diez años después de La exploración del autismo”, Meltzer vuelve sobre el tema del autismo incluyendo las ideas de Bion sobre psicosis, los conceptos de cesura y la posibilidad de simbolización de experiencias protomentales, enriquecidas con sus propias ideas que continuó desarrollando en su teoría del conflicto estético y de claustro. Las categorías clínicas descriptas por Meltzer además del autismo: falla del ajuste postnatal,falla primaria del desarrollo mental y psicosis geográfica ha permitido una aproximación clínica más aguda al tema de las psicosis infantiles y por lo tanto a su comprensión y tratamiento.
Queremos destacar ahora un libro que escribió conjuntamente con su esposa Martha Harris. Este fue un trabajo encargado por la OECD( Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, organización independiente constituida por 24 naciones con sede en París) en 1977 y que les llevó tres años de trabajo, definido por Meltzer como el libro más útil que escribió, llamado Un modelo psicoanalítico del niño-en-la-familia-y-en-la-comunidad. En él discuten roles y funciones en la familia, diferentes tipos de familia (la conyugal, la de la ´casa de muñecas´, la matriarcal, la patriarcal, la de la pandilla adolescente, la revertida, y las de supuesto básico) y los modos de aprendizaje en cada una. Este trabajo está incluido en parte, con otros comentarios, en el capítulo 14 de la Metapsicología Ampliada. El libro está publicado en español como Familia y Comunidad Ed Spatia y está también reproducido en el libro Sinceridad y otros trabajos de Donald Meltzer, editado por Alberto Hahn en 1994.

En la década siguiente Meltzer publica tres libros: En el año 1978 publica El Desarrollo Kleiniano, tres tomos sobre la clínica y teoría de Freud, Klein y Bion. Estas ideas fueron presentadas por él en clases, conferencias y seminarios, y en ellos hace una lectura crítica y personal de ´su´ Freud, ´su´ Melanie Klein y ´su´ Bion. Estos libros son buenos compañeros de ruta para la lectura de estos autores, especialmente el tomo tres, dedicado a la obra de Bion con una síntesis final sobre los tres.
En el tomo I, dedicado a Freud, revisa prácticamente todas las publicaciones donde hay material o situaciones clínicas e hipótesis relacionadas. El tomo II, Richard semana por semana, discute las 16 semanas de tratamiento del paciente que Klein atendió en 1941, en Escocia, durante sus respectivos exilios durante la guerra. El historial completo está publicado como Narrativa del Análisis de un niño (1961), y el rico análisis que Meltzer hace nos muestra la aplicación de diversos conceptos teóricos kleinianos en el historial (las ansiedades, las posiciones, la reparación, la integración, etc.) así como también supuestos clínicos (la interpretación, la transferencia y la contratransferencia, etc.).
El tercer tomo, sobre la obra de Bion, hace un análisis cronológico de sus trabajos, con abundantes citas textuales, comentarios críticos escritos con una buena cuota de humor y con una profunda admiración por su obra. En el último capítulo, llamado “Una Revisión: Cambio Catastrófico y los Mecanismos de Defensa”, dibuja los modelos de la mente de Freud, Klein y Bion y sus consecuencias clínicas, sus distintos criterios de enfermedad y de curación, y como puede verse la función del tratamiento psicoanalítico en cada uno de estos modelos una verdadera síntesis de lo planteado en los tres tomos.
En el año 1984 publica Vida Onírica, en 1986 La Metapsicología Ampliada – Aplicaciones clínicas de las ideas de Bion y en 1988 La Aprehensión de la Belleza. Vamos en principio a tomar estos tres libros en conjunto. El concepto unificador es la emoción, poniéndola Meltzer (siguiendo a Bion) en el centro del desarrollo humano y del psicoanálisis. El pensamiento y la evolución tienen que ver con dar significados a las experiencias emocionales. ¿Qué es una experiencia emocional? Meltzer piensa que comienza en el útero; que el feto, acompañado por la placenta, va creciendo, aunque poco a poco el espacio se le va haciendo chico y siente un incremento de incomodidad del que necesita deshacerse. Tal vez intuya que hay otro lugar en el que pueda librarse de esa creciente molestia. El momento del parto deja de ser concebido como una situación predominantemente traumática, para ser considerada una experiencia emocional a la que hay que darle un sentido ya que requiere ser pensada. En los mitos puede ser expresada como la expulsión de un paraíso o la huida de un infierno.
La salida al mundo exterior es una experiencia sobrecogedora que pone en contacto al bebé con la belleza del mundo externo, representada por el rostro y los ojos de la madre, especialmente sus ojos y pezones. Este encuentro pone en marcha lo que Meltzer llamó conflicto estético. Pero Meltzer agrega algo más, dice que estos vínculos están ensamblados, que forman un consorcio en el que el amor, el odio y el deseo de conocer están dirigidos hacia un mismo objeto: el interior desconocido de la mente de la madre (que no tiene transparencia). Es a este ensamblamiento de L, H y K lo que Meltzer llama “pasión”. Esta integración es natural, pero al mismo tiempo intolerable, y entonces el bebé se defiende escindiendo los componentes de su experiencia emocional, a saber amando al objeto que lo gratifica, odiando al enemigo que lo frustra, y queriendo conocer a un tercero que despierta su interés. El ser humano luego pasa la vida tratando de recuperarse de esta fractura inicial de sus sentimientos. Esta es la visión del desarrollo que nos plantea Meltzer, su visión personal de la escisión e integración de la personalidad. El papel del objeto en esta capacidad de recuperación tiene que ver con su capacidad de dar forma simbólica a la experiencia emocional. Pero este objeto presenta un problema, el relacionado con la opacidad del mismo. Esta opacidad plantea incógnitas, ya que puede haber una discordancia entre el exterior visible y el interior desconocido, que requiere conjeturas y pensamientos. ¿Será la madre tan bella, tan buena, tan honesta por dentro como lo es por fuera?, y ¿cómo puede saberlo un bebé tan chiquito? Simplemente no puede, tiene que esperar a ver qué pasa. Y esta espera está basada en la confianza, una confianza que necesita ser elaborada a través de la experiencia.
Hay otro problema que hace a este conflicto con las emociones: al mismo tiempo que éstas se generan se pone en movimiento un proceso contrario, la antiemocionalidad. La misma experiencia que genera emocionalidad genera ansiedad, dudas, desconfianza, ataques que pueden llegar no solo a frenar el desarrollo sino a pervertir la experiencia emocional.
El área del lenguaje que va a dar cuenta de la emocionalidad está en la línea del pensamiento, de las relaciones íntimas, e implica verdad, libertad, juicio, formación de símbolos, transformación y responsabilidad, así como tolerancia a la duda.
La antiemocionalidad puede nombrarse con términos como conducta social adaptativa, respuestas automáticas, slogans, mentiras, y conductas no pensadas.
Puede verse que se van delineando dos mundos. Uno, al que Meltzer llama continente, incluye las relaciones familiares, el mito edípico que da sentido a la experiencia emocional en vínculos íntimos de amor, odio y conocimiento, y consiste en un ciclo vital que va desde el nacimiento hasta la muerte. El otro mundo descrito, que él denominó claustrum, atenta contra el desarrollo: no hay una familia que contenga al bebé, las relaciones son jerárquicas, los castigos mortales, el tiempo es circular y las emociones son negativas. Hay hipocresía en vez de odio, puritanismo en vez de amor, pragmatismo en vez de conocimiento, y todo impregnado por la pasividad a que da origen la vivencia de circularidad del tiempo.
Hemos hablado de emociones, símbolos y pensamientos: es hora de incluir al lenguaje. Meltzer dice que hablar es lo mejor que podemos hacer, pero a la vez es una transacción con lo que queremos decir. Esto ya lo había planteado cuando habló de sinceridad en 1973. Nos plantea que los psicoanalistas debieran poder desarrollar su observación de modo tal que el lenguaje les sirva para describir y no para convencer.
Estas ideas tienen fuertes implicaciones en nuestro trabajo como psicoanalistas ya que esta concepción del desarrollo mental lleva a cambios en la atmósfera del consultorio. Es una conceptualización del desarrollo mental que arrasa con la idea de causalidad y fases y acepta, en cambio, múltiples niveles de funcionamiento más o menos integrados.
La primera modificación se manifiesta en la disminución del énfasis de la interpretación correcta. El foco se dirige hacia la interacción, a la relación de la cual emerge la idea interpretativa. El continente no es solo la mente del analista; si el proceso se pone en marcha, el continente lo forman una particular conjunción entre aspectos de la mente del analista y aspectos de la mente del paciente en un grupo de trabajo de dos.
Gradualmente se desarrolla una historia del proceso cuyos hitos son algunos sueños, que establecen puntos de referencia para ambos miembros. La necesidad de entender va cediendo espacio a conjeturas imaginativas que sirven como modelos, y el paciente va adquiriendo un mayor interés en el método psicoanalítico como instrumento para observar su propia mente.
La necesidad de explicar cede a la de observar y describir. En uno de sus libros Meltzer relata su experiencia de una visita a una cueva con pinturas rupestres, en algún lugar de Francia. Entraron a un lugar oscuro, pero cuando el guía iba iluminando las paredes, iban apareciendo una a una las pinturas que hasta ese momento habían estado en la sombra. Gradualmente, también en el análisis se va configurando un objeto, que terapeuta y paciente pueden observar desde una cierta distancia, como cuando uno se aleja de un cuadro para observar la composición general y luego se acerca para ver las pinceladas.
El Claustro fue publicado en 1992. Meltzer describe este libro como un intento de reunir sus experiencias clínicas sobre el accionar de la identificación proyectiva y del efecto que este mecanismo tiene en el desarrollo tanto del individuo como de la sociedad en la que habita. Solía decir que Melanie Klein había sido muy modesta cuando escribió Notas sobre mecanismos esquizoides, ya que no midió el impacto que la descripción de este mecanismo iba a tener en la teoría y clínica psicoanalítica. Sin embargo, critica la posición de Melanie Klein en cuanto ella consideró que la Identificación Proyectiva era un mecanismo psicótico que operaba primaria o exclusivamente con objetos externos.
Al presentar el concepto de claustro Meltzer se apoya además en las contribuciones de Herbert Rosenfeld sobre la organización narcisista y de Bion sobre la mentalidad de supuestos básicos. Desde su propia perspectiva, ya había propuesto la idea de identificación proyectiva en objetos internos muy temprano en su obra, en 1966, cuando escribió el artículo sobre identificación proyectiva y masturbación anal, que él consideraba uno de sus mejores trabajos. También había descrito en El proceso psicoanalítico los compartimientos en el interior cuerpo de la madre interna, otro concepto fundamental en la construcción de la idea de claustro.
El libro está dividido en tres secciones. En la primera hace una revisión crítica del concepto de Identificación Proyectiva tanto en Melanie Klein como en distintos momentos de su propia obra, desde El proceso psicoanalítico en adelante, así como en la trilogía de Bion, Memorias del Futuro.
La segunda parte del libro comienza con una descripción de la dimensión geográfica del aparato mental propuesta en su metapsicología ampliada, al que muestra subdividido en seis áreas: el mundo externo, el útero, el interior de los objetos externos, el interior de los objetos internos, el mundo interno y el sistema delirante o ‘no lugar’. Meltzer aclara que el libro está dedicado a la investigación de los aspectos intrusivos de la identificación proyectiva en el objeto interno materno y su especial compartimentalización. En el capítulo ‘La vida en el claustro’ Meltzer describe la vida de ese mundo interno desde el interior del mismo, mostrando una vez más su rica posibilidad de conjeturar imaginativamente y transmitir los estados mentales en detalle y con una precisión basada en una gran capacidad de observación . Propone tres espacios: la vida en el pecho-mente de la madre, pasiva e indolente; la vida en el compartimiemto genital, más turbulento que el anterior y al que describe como un festival de religión priápica y, finalmente, la vida en el recto. Éste es, en palabras el autor, el capítulo central del libro: el área de la identificación intrusiva generadora de patología más severa ligada a la perversión y la psicosis en la que describe una atmósfera de sadismo prevalente, una estructura jerárquica y la sumisión a la tiranía y la violencia.
En la tercera parte del libro Meltzer vincula las características esenciales del claustro con el desarrollo y la psicopatología, particularmente con el mundo de la psicosis. Meltzer propone que los estados borderline y psicóticos ocurren cuando la parte del self identificada intrusivamente toma el comando de la conciencia y toda la vida mental queda dominada por temores claustrofóbicos, sensaciones de encierro, peligro y catástrofe inminentes. El sistema delirante aparece por la imposibilidad de formar símbolos en ausencia de vínculos emocionales, ya que la emoción es la base del pensamiento inconciente que, a través de la función alfa atribuye significado a las emociones y las experiencias.
La riqueza de las descripciones que Donald Meltzer hace acerca de las perversiones y la psicosis así como de su abordaje técnico, imposibles de sintetizar en tan breve espacio, abren un panorama innovador para la comprensión y tratamiento de pacientes severamente perturbados.

Unos años más tarde se reunieron 34 artículos que habían sido escritos entre los años 1955 – 1989 en un tomo titulado Sinceridad y Otros Trabajos. Las ideas presentadas en estos artículos abarcan diversos temas: la naturaleza de la sinceridad en las relaciones íntimas, sus ideas acerca de la transmisión del psicoanálisis, el tratamiento de perturbaciones psicóticas, cuestiones técnicas así como “Un modelo psicoanalítico del Niño-en-la-Familia-en-la-Comunidad”.
Otro libro, consistente de supervisiones (textualmente publicadas y con comentarios posteriores) realizadas por Meltzer en colaboración con Catherine Mack Smith en el Grupo Psicoanalítico de Barcelona durante varios años, está publicado con el título Clínica Psicoanalítica con Niños y Adultos (1995) y fue editado por Sheila Navarro de Lopez.
Exploring the work of Donald Meltzer (2000) fue editado por Margaret Cohen y Alberto Hahn con una selección de trabajos presentados en Londres en 1988, en ocasión de los 75 años de Meltzer. El primer capítulo del libro, “Una revisión de mis escritos”, fue escrito por él mismo y en él lo escuchamos haciendo relatos también acerca de su vida además de comentarios diversos sobre su obra.

Muchos de sus artículos están publicados en diversas revistas psicoanalíticas; otros – incluso algunos nunca previamente publicados - están en el libro Sinceridad y otros trabajos... Mencionaremos solamente algunos títulos, para despertar la curiosidad de los que no los han leído aún: “Una técnica de interrupción para el impasse analítico”, “Dimensiones técnicas de la interpretación: la temperatura y la distancia”, “Interpretaciones rutinarias e inspiradas, su relación con el proceso del destete en el psicoanálisis, “Identificación adhesiva” “Represión, olvido e infidelidad”, “El delirio de la claridad del insight”, “Desmantelamiento: un tipo de obsesionalidad” y “Acerca de la estupidez de la maldad”...


Meltzer desarrolló su práctica clínica inicialmente en Londres y luego en Oxford. Desde fines de los años 50 enseñó en el Departamento de Niños de la Clínica Tavistock, donde tuvo una fuerte influencia en la formación de varias generaciones de terapeutas de niños. Fue miembro didacta de la Sociedad Psicoanalítica Británica hasta los años 70,cuando se aleja de la misma por diferencias ideológicas con el establishment psicoanalítico.
En ese tiempo comienza a viajar más asidua y regularmentemente al exterior: a Italia, España, y otros países europeos, a EEUU y latinoamérica. En cada uno de estos lugares, grupos de psicoanalistas han seguido sus ideas y se han nutrido de su virtuosismo y agudeza clínica, su sensibilidad a los procesos inconcientes, su singular capacidad para describir y expresar las fantasías, su integridad y su calidez.
A través de los años numerosos autores en el mundo han escrito artículos y libros inspirados en sus ideas y se llevaron a cabo tres Encuentros Internacionales en Londres, Florencia y Barcelona para profundizar y desarrollar su trabajo.
Meltzer deja un legado inspirador en todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo y también una responsabilidad por mantener vivas y continuar desarrollando sus ideas que con generosidad y dedicación nos transmitió con pasión.


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